Si entre tus géneros cinematográficos preferidos está el western, es altamente probable que Por un puñado de dólares esté entre tus películas más amadas de todos los tiempos. Dirigida por Sergio Leone en 1964, con una música inolvidable de Ennio Morricone y protagonizada por Clint Eastwood, este spaghetti western, que a su vez es un remake del clásico del cine de acción japonés Yojimbo, de Akira Kurosawa, formó parte de la trilogía del dólar junto a La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo.

    Sesenta y dos años después, Eastwood sigue con nosotros, y con 96 años es uno de los últimos supervivientes de una época dorada de Hollywood que nos dejó algunas de las películas más importantes de la historia del cine.

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    Bettmann//Getty Images
    Un escena de Por un puñado de dólares.

    Eastwood no solo ha sido actor, también ha dirigido decenas de pelis desde que en 1971 se estrenara detrás de la cámara con Escalofrío en la noche. En total, y si hacemos caso a los créditos de Wikipedia, ha participado como actor en 72 filmes, mientras que como director nos ha dejado hasta la fecha un total de 40, hasta Jurado nº 2, que dirigió en 2024. Y que, según confirmó su familia, es la última.

    Como comentaba al principio, a finales de los 50 y especialmente durante la década de los 60, el actor californiano se especializó en el cine del Oeste. Para el rodaje de las tres películas mencionadas de Leone se eligió España, por lo que durante aquellos años Clint pasó largas temporadas en nuestro país. En lugares como el desierto de Tabernas o el Cabo de Gata en Almería, o las provincias de Madrid y Burgos, se recrearon los escenarios para aquellos westerns, y de esta forma nuestro país pasó a formar parte del imaginario popular de ese género.

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    United Archives//Getty Images

    Durante una entrevista que le hicieron hace unas décadas, Eastwood recordó aquellos años y se refirió al parecido que hay entre muchos de los lugares elegidos para los rodajes de las producciones dirigidas por Leone con aquellos que todos imaginamos o hemos visto en la geografía de Estados Unidos.

    Empezó recordando que cuando aceptó participar en Por un puñado de dólares, no parecía precisamente una apuesta segura. Según contaba, ya se habían producido algunos westerns con financiación italiana, pero la etiqueta llegaría más tarde. De hecho, señaló que en Japón se había utilizado la expresión macaroni western para distinguir las producciones italianas de las estadounidenses.

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    Getty Images
    Clint Eastwood en una escena de Por un puñado de dólares, en 1964.

    La idea de rodar una película del Oeste en Italia podía resultar extraña sobre el papel. La solución fue trasladar buena parte del trabajo a nuestro, donde los paisajes ofrecían una alternativa convincente a los escenarios norteamericanos: "El paisaje en España se parece mucho más a Arizona y a algunas partes de California", explicaba el actor. Una observación que nos ayuda a entender por qué los paisajes de Almería, con sus extensiones áridas, sus montañas y sus ramblas, acabaron convirtiéndose en uno de los grandes escenarios europeos del western.

    Pero el paisaje no fue el único motivo que le llevó a aceptar el proyecto, porque también pesó su admiración por Kurosawa y, en concreto, por Yojimbo: "Siempre me había encantado Yojimbo, y eso fue lo que me animó a aceptar el proyecto. Pensaba que aquello podía salir muy bien o no funcionar en absoluto. Probablemente ocurriría lo segundo".

    La decisión tenía una ventaja evidente, ya que le permitiría conocer dos países en los que nunca había estado: "Iba a hacer un viaje a Italia y España. Nunca había visitado ninguno de los dos lugares, así que me pareció una buena experiencia. Si la película funcionaba, sería un extra".

    El idioma fue otro de los obstáculos iniciales, ya que Leone no hablaba inglés y Eastwood no sabía italiano cuando comenzaron a trabajar juntos: "Él sabía decir goodbye y yo sabía decir arrivederci. Más o menos, eso era todo".

    Según contó, tenían una intérprete polaca que hablaba varios idiomas y que facilitaba la comunicación entre ambos. Aun así, el funcionamiento de los rodajes europeos también sorprendió al actor, acostumbrado a trabajar en producciones donde el silencio y la concentración eran fundamentales.

    Durante algunas escenas, los figurantes podían estar jugando al frisbi, haciendo gestos o contando chistes en las inmediaciones de la cámara. Como podemos imaginar, algo así le resultaba especialmente desconcertante cuando llegaba el momento de rodar: "Era muy molesto. Había gente hablando, otros haciendo bromas y algunos jugando detrás de la cámara. No estaban acostumbrados a mantener el silencio, que es algo muy importante cuando trabajas con sonido".