Asia-Pacífico
Indonesia
-
Clasificación 2026
129/ 180
Puntuación: 43,02
Indicador político
141
28,88
Indicador económico
153
30,79
Indicador legislativo
121
48,47
Indicador social
144
39,01
Indicador de seguridad
101
67,96
Clasificación 2025
127/ 180
Puntuación: 44,13
Indicador político
127
36,59
Indicador económico
142
32,57
Indicador legislativo
109
54,79
Indicador social
123
49,66
Indicador de seguridad
125
47,04

Desde la transición democrática emprendida en 1998, han surgido centenares de medios independientes, transformando al país en pionero de este fenómeno en el sureste asiático. Estos medios hacen frente, sin embargo, a grandes dificultades para responder a las necesidades de 275 millones de indonesios, repartidos en 12 000 islas, con más de 800 lenguas locales. La inmensidad y diversidad del país hacen del respeto a la libertad de prensa una lucha diaria.

Panorama mediático

Durante el largo mandato del presidente Suharto, de 1966 a 1998, la libertad de prensa era inexistente. Desde 1999, Indonesia ha disfrutado de un entorno favorable a la creación y expansión de los medios, especialmente con el auge de lo digital. Según el Consejo de Prensa de Indonesia, en 2024 había al menos 5019 empresas de medios de comunicación en funcionamiento: 3886 medios digitales, de los cuales más de la mitad son pequeñas redacciones; 549 emisoras de radio; 527 periódicos; 47 canales de televisión locales y 10 canales de televisión nacionales. Los principales medios siguen siendo en su mayoría propiedad del sector privado, que controla redes multiplataforma a escala nacional y local, como MNC Group, Media Group y Trans Corp. Estos actores privados compiten con los difusores públicos financiados por el Estado, Televisi Republik Indonesia (TVRI) y Radio Republik Indonesia (RRI).

Contexto político

A pesar de su programa reformista, los diez años en el poder del presidente saliente Joko Widodo han estado marcados por una serie de promesas incumplidas en materia de libertad de información. La oligarquía mediática vinculada a intereses políticos se ha fortalecido, lo que ha dado lugar a un mayor control de los medios críticos y a la manipulación de la información a través de trolls en Internet, influencers remunerados y medios partidistas. Este clima ha aumentado la autocensura en los medios de comunicación y entre los periodistas. Desde octubre de 2024, Indonesia está liderada por un nuevo presidente, el ex general Prabowo Subianto, implicado en varias denuncias de violaciones de los derechos humanos, y por el hijo mayor de su antecesor Joko Widodo, Gibran Rakabuming Raka, que ejerce de vicepresidente. Bajo esta nueva administración, cuyo historial en materia de protección de la libertad de prensa es poco tranquilizador, crecen las preocupaciones sobre el futuro de la prensa independiente.

Marco legal

La ley de prensa de 1999, permitió poner fin a las prácticas de censura y control de la información de la era Suharto, y crear el Dewan Pers, un consejo de la prensa independiente del gobierno, y que permite arreglar de forma amistosa la mayoría de los litigios relacionados con los medios. Todos los periodistas están sometidos a la ley Informasi dan Transaksi Elektronik (ITE), que tipifica como delito la difamación y la incitación al odio -aunque estos conceptos no estén claramente definidos-, mientras que los de la prensa escrita están expuestos a las denuncias por difamación que contempla el código penal. La Ley de Protección de Datos Personales de 2022, que no prevé ninguna excepción para el trabajo periodístico, también es una amenaza para la libertad de prensa. Lo mismo ocurre con varias enmiendas de 2022 al código penal —cuya aplicación está prevista para 2026— relativas a la blasfemia y a las “noticias falsas”, que, en su estado actual, ponen en grave peligro al periodismo de investigación.

Contexto económico

Una decena de grandes grupos, como Global Mediacomm (MCM), Jawa Pos Group (JPG) o Kompas Gramedia Group (KGG) se reparten el grueso del mercado mediático dirigido al gran público. La mayoría de los medios tienen dificultades para encontrar un modelo económico viable y se enfrentan a la caída de los ingresos publicitarios, especialmente en los medios tradicionales. Varios periódicos han tenido que cerrar o pasar a la edición digital, como Koran Sindo y Harian Republika. Además, los medios digitales siguen dependiendo en gran medida de los ingresos publicitarios irregulares generados por las plataformas de redes sociales. Esta precariedad financiera se ha traducido en oleadas de despidos y recortes salariales para los periodistas. Además, la protección económica de los profesionales de los medios sigue siendo insuficiente, y la creación de sindicatos continúa siendo un reto pendiente.

Contexto sociocultural

Siendo el mayor país muslmán del mundo y cuna de la tolerancia religiosa, Indonesia sufre presiones crecientes por parte de ciertos movimientos islamistas radicales y grupos políticos. Es el caso, especialmente, de la provincia autónoma de Aceh, en el oeste del archipiélago, donde rige una versión muy estricta de la sharía y donde una policía de la moral dicta lo que los periódicos pueden publicar y lo que no. En el resto del país, la influencia de ciertos ulemas impide a los periodistas abordar determinados temas tabú, como las cuestiones LGTB, la apostasía o el matrimonio de niñas. A la vez, la desconfianza del público hacia los medios se acrecienta, alimentada por la proliferación de noticias falsas.

Seguridad

Los periodistas que investigan casos de corrupción local o que cubren manifestaciones masivas son regularmente objeto de actos de intimidación por parte de la policía o de militares de las fuerzas armadas ultraconservadoras, conocidas oficialmente como Tentara Nasional Indonesia (TNI), que pueden ir desde el arresto hasta la violencia física o virtual, lo cual fomenta un alto nivel de autocensura. Del mismo modo, cada vez es más difícil cubrir determinadas cuestiones medioambientales, cuando atentan contra importantes intereses privados apoyados por administraciones locales. Las mujeres periodistas siguen especialmente expuestas al acoso sexual, tanto en Internet como sobre el terreno.